La aceleración inherente a nuestras sociedades es, quizás, el rasgo más característico de las mismas. La complejidad para analizar nuestro presente y tratar entretanto de dilucidar nuestro devenir nos hace, en muchas ocasiones, proclives a olvidar y asumir un pasado que nos define, nos condiciona y que, a menudo, deberia ser cuestionado. El presente construye el futuro, y la idea del mañana es siempre un producto de la idea del hoy. El asesinato de George Floyd y la expansión global del movimiento Black Lives Matter han supuesto una desaceleración, un momento de “congelación” del presente, es decir, de cuestionamiento del mismo y del pasado que nos ha llevado a este trágico momento de crisis social. 

El movimiento Black Lives Matter ha canalizado la rabia de millones de personas, y gracias a su organización, sus reivindicaciones han pasado a primer plano del debate político internacional. Este movimiento ha logrado desacelerar el vertiginoso ritmo al que avanzan nuestras sociedades para reivindicar que el futuro no puede construirse sobre la desigualdad racial que domina el presente, y que es necesario abandonar la inercia del mismo para cambiar los principios que regirán el mañana. Pero cambiar nuestro presente, donde la desigualdad racial está enraizada en prácticamente todos los ámbitos de la sociedad no es una tarea fácil, y como siempre, la raíz del problema no se encuentra a simple vista, sino que está oculta, bajo un suelo de complejidad.  

Cambiar el presente implica cambiar los imaginarios colectivos, es decir, el entramado cultural y social que sustenta el racismo y la desigualdad en los distintos niveles de nuestra sociedad, desde el sujeto hasta las instituciones como la policía. Los símbolos definen nuestra manera de pensar nuestra sociedad y de pensarnos como sujetos dentro de la misma. El racismo simbólico es asumido en nuestras sociedades como parte de las mismas, y los individuos que las conforman adoptan estos imaginarios en su proceso de individualización sin que exista un cuestionamiento que es a todas luces necesario. Es por ello que movimientos como el Black Lives Matter insisten en la vital importancia que tiene la revisión de estos símbolos en la construcción de nuestra realidad, dado que el cambio social comienza por revisar nuestro pasado. Es imprescindible generar un presente donde los imaginarios que construyan el mañana socialicen al sujeto desde la igualdad y el respeto, y no desde la afirmación de la propia identidad basada en la desigualdad, el racismo y el rechazo a la otredad. 

El movimiento Black Lives Matter aboga por la eliminación y reconfiguración de estos símbolos, luchando por que se abandonen los clichés y estereotipos racistas que sustentan la violencia estructural y naturalizan la desigualdad. Estos símbolos están presentes en nuestra sociedad en muchos niveles, y en muchas ocasiones, pasan desapercibidos como algo “normal” y “natural”, por ello es de vital importancia una revisión a la hora de construir un nuevo presente, donde el mañana que le prosiga nos incluya a todos, por igual, en derechos y dignidad. La publicación “La imagen del Sur: racismo, clichés y estereotipos” profundiza en el análisis de estos imaginarios que aún siguen presentes en nuestro día a día y ofrece estrategia educativas para superarlos.

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