El ODS 16 ofrece una oportunidad para reflexionar sobre los conceptos de paz, justicia y gobernanza global, así como sus factores constitutivos. Y requiere abordar que elementos son necesarios incorporar en el plano local, nacional e internacional para avanzar en la consolidación de sociedades pacíficas, justas e inclusivas.

El Instituto for Economics and Peace ha avanzado en el concepto de paz positiva, elaborando un “índice de paz positiva” que desde un enfoque sistémico aborda los elementos constitutivos de la paz, definida como las actitudes, instituciones y estructuras que crean sociedades pacíficas y sostenibles, en un entorno que favorece el desarrollo integral de las personas” (IEP 2017: 10), que se ha relacionado con los indicadores propuestos para alcanzar las metas del ODS 16.

La paz positiva se asocia con muchas características que se consideran deseables, como el progreso económico, altos niveles de resiliencia, mejores niveles de bienestar y un entorno inclusivo. Puede entenderse como un contexto que favorece el desarrollo integral de la persona. Comprender cuales son los factores que contribuyen a la construcción de la paz requiere ir más allá del estudio de la violencia. Se requiere una mirada más amplia, que ponga el foco en los factores que promueven la paz.

Para definir las políticas y programas necesarios para promover sociedades pacíficas, inclusivas y justas, es necesario comprender la naturaleza sistémica de la paz y de los factores que la respaldan. Se necesitan nuevos paradigmas para superar las dificultad para prevenir los estallidos de la violencia.

La combinación de paz positiva y pensamiento sistémico proporciona, por lo tanto, un marco analítico que facilita la comprensión de la naturaleza interdependiente de la paz y del tipo de acciones necesarias para sostenerla y potenciarla por parte de aquellos que toman las decisiones políticas.

El seguimiento y evaluación de los ODS y del ODS 16 en particular plantean enormes retos, por su formulación en ocasiones genérica, declarativa y poco precisa, por su número elevado de metas, y la escasa claridad y exigencia respecto a los medios para su implementación. Se requiere aún un esfuerzo importante en la definición de indicadores, más allá de los ya establecidos por Naciones Unidas, y de unas fuentes de datos fiables y/o comparables que permitan una adecuada rendición de cuentas.

En el examen de los indicadores se debe tener presente que cada país enfrenta desafíos específicos en la consecución de los ODS, y sus capacidades también son diferentes. En los países ricos, estos se relacionan con la mitigación del cambio climático, la desigualdad, su mayor contribución a la ayuda o la transferencia de tecnología, prevista en el ODS 17, y cuestiones específicas como la nutrición, la igualdad de género y la educación (Sachs et al. 2017:20). Pero también en aspectos relacionadas con el comercio de armas y el apoyo a las operaciones de paz. Además, tienen el compromiso de apoyar a los países más pobres en la conservación y preservación de los bienes públicos globales y en ámbitos como la reducción de la polución, entre otros.

A su vez, los países más pobres tienen importantes desafíos relacionados con la extrema pobreza en todas sus formas, la desigualdad e inclusión, el acceso a las infraestructuras esenciales y diversas formas de degradación ambiental (Sachs et al. 2017:20).

Estas dificultades se han tratado de solventar a partir de diversas iniciativas, algunas oficiales y otras procedentes de grupos de investigación para la paz y de la academia. Además de los datos de gobiernos es importante también incorporar indicadores de las organizaciones de la sociedad civil, porque incluyen enfoques mas holísticos y multifacéticos. El papel de las ONG, la academia y los centros de investigación es clave en el plano internacional, para hacer incidencia sobre esta cuestión. Es importante también desagregar los indicadores para que sean sensibles a la diversidad social y a los factores de exclusión —por ingresos, sexo, edad, raza, origen étnico, estatus migratorio, discapacidad y ubicación geográfica y otras características— que afectan a las minorías y a los grupos marginados. Además, en ocasiones será necesario adaptar los indicadores internacionales a las realidades nacionales y locales, y combinar indicadores cualitativos y cuantitativos, sectoriales y de síntesis que muestren las interrelaciones, la coherencia y la visión de conjunto. Los indicadores son también útiles en relación al análisis de las mejores prácticas, para saber que políticas funcionan en qué contextos y por qué.

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