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Alberto Piris, publicado en La República, 7 de enero de 2021.

Por su extensión, Rusia es el mayor país del mundo. Abarca una novena parte de la superficie terrestre emergida. Desde su extremo más occidental, en el mar Báltico, hasta el más oriental, en el estrecho de Bering, cubre once husos horarios. Su enorme variedad orográfica y ecológica la convierte en un muestrario de los efectos que en el planeta puede producir la emergencia climática que estamos empezando a sufrir. De ahí que lo que en Rusia se experimenta y se teme a este respecto tiene gran interés para la humanidad.

Un profesor de climatología de la Universidad Estatal de Moscú, al ser preguntado por sus predicciones para al año entrante, dijo que era imposible pormenorizar lo que podría ocurrir, pero añadió: «Hay una tendencia clara. Cada periodo de cinco años es más cálido que el anterior. Rusia se calienta más rápidamente que cualquier otro país». De hecho, este calentamiento es dos veces y media superior, y en la zona ártica las temperaturas sobrepasan ya el límite máximo de 2º establecido por los Acuerdos de París.

Los fenómenos observados en 2020 se repetirán en 2021, dijo. El año pasado comenzó con el invierno más cálido jamás registrado en Rusia: Moscú, habitualmente cubierta de nieve durante cuatro meses al año, quedó despejada en febrero. Siberia sufrió incendios forestales sin precedentes, que en tres meses emitieron tantos gases nocivos como en Egipto durante un año. La fusión del permafrost (capa del suelo siempre helada) libera gases de efecto invernadero, como el metano, y patógenos desconocidos, que vuelven a ver la luz, y hace que se debiliten los cimientos de las construcciones.

Pero el peor problema de la emergencia climática es la impredecibilidad de las catástrofes, que ata las manos de los gobernantes y les impide tomar medidas preventivas. Un especialista ruso del WWF afirmó: «No puedo decir qué catástrofes vamos a tener que afrontar. Podríamos sufrir sequías al norte del Cáucaso, inundaciones en el lejano Este o el hundimiento de puentes, carreteras y edificios».

La más grave consecuencia de lo anterior es que aumenta la desconfianza popular hacia los gobernantes. Las medidas para afrontar la emergencia climática no son populares. (Trump ha sabido jugar bien esta carta durante su nefasto mandato). Inciden negativamente en la economía del momento y exigen limitaciones a veces mal entendidas.

Pero si se deja seguir el curso de la naturaleza, en Rusia desaparecerá la pesca en el mar Caspio o en las costas de Kamchatka, envenenadas por un alga tóxica. O las tormentas de lluvia helada destrozarán los tendidos eléctricos, como ocurrió en Vladivostok, creando unas severas condiciones de supervivencia para la población.

En cualquier caso, los ciudadanos se quejarán del Gobierno. Los de las regiones rurales periféricas acusarán a los gobernantes de preocuparse solo por la población urbana, porque desde sus despachos no están viviendo la realidad. Para los activistas ecológicos «el Gobierno no cumple lo que promete» ni lo acordado en París. Otros piensan que no se ha creado una conciencia sobre el problema: «Creo que los rusos vivimos de espaldas a todo esto».

Y hay quienes, desesperados, miran hacia el exterior: «Si la Unión Europea se pone seria en la lucha contra el cambio climático, las empresas [rusas] que venden allí tendrán que modificar sus prácticas y reducir las emisiones nocivas». Incluso se extiende la opinión de que si Rusia pudo ignorar las demandas europeas en este asunto, ya no podrá seguir haciéndolo ahora que Biden ha anunciado la creación de una vasta coalición de Estados que cumplan, e incluso superen, el Acuerdo de Paris. Entre ellos están Canadá, China, Corea del Sur y Japón, relacionados económicamente con Rusia.

En fin, es difícil determinar una prioridad entre los acuciantes problemas que a la humanidad nos trae este 2021 recién estrenado: vencer la pandemia de Covid-19; restablecer la confianza en los gobiernos y en la democracia; actuar contra la emergencia climática; defenderse contra la mentira organizada (las fakenews); combatir los efectos de un sistema económico que aumenta la desigualdad entre los pueblos y las personas; desenmascarar a los falsos profetas; crear una nueva conciencia ecológica que ponga al ser humano en su verdadero lugar en el universo… El lector tiene donde elegir.

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