El Día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme reivindica el papel de las mujeres en la construcción de un mundo sin guerras ni violencias. Tiene su origen en el movimiento feminista pacifista y antinuclear de comienzos de los años ochenta, cuando un grupo de mujeres europeas se movilizó contra el incremento del armamento y estableció el 24 de mayo como fecha de referencia para la paz y el desarme.

Una de las iniciativas más relevantes por su poder simbólico fue el campamento de mujeres por la paz de Greenham Common, en Reino Unido, donde miles de mujeres protestaron contra el despliegue de misiles nucleares estadounidenses en Berkshire. Aquella movilización se convirtió en un referente internacional del feminismo antimilitarista y del activismo de mujeres por el desarme.

El sentido de esta fecha es doble: denunciar el militarismo, la carrera armamentística y la violencia como respuestas a los conflictos; y reconocer el liderazgo histórico y actual de las mujeres en la construcción de paz, la prevención de conflictos, la mediación, la defensa de los derechos humanos y el desarme.

¿Qué relación existe entre las mujeres y el desarme?

El rearme perpetúa una lógica de miedo y confrontación. El militarismo no se reduce a la existencia de armas o ejércitos: es también una cultura y un sistema de poder que organiza la seguridad desde la fuerza, la amenaza y la dominación. Desde esta perspectiva, desvía recursos públicos hacia la guerra, normaliza la violencia como forma de resolver conflictos y refuerza relaciones de género basadas en el control y la desigualdad.

Frente a un sistema que militariza la vida y normaliza el conflicto armado, algunas mujeres han sostenido históricamente procesos de mediación, resistencia y construcción de paz desde lo cotidiano y lo colectivo. No han sido espectadoras, sino protagonistas activas en la resolución de conflictos y en la defensa de alternativas no violentas.

El feminismo pacifista propone una noción distinta de seguridad: una seguridad centrada en las personas, los derechos, los cuidados, la justicia social, la igualdad y la sostenibilidad de la vida. Por eso, el desarme es una apuesta política y ética orientada a transformar las causas estructurales de la violencia.

Desde una perspectiva feminista, la seguridad pasa por garantizar vidas dignas, participación efectiva de las mujeres, protección de los derechos humanos y condiciones materiales para la paz. No se construye con más armas, sino con justicia, cuidados y prevención.

Existe una genealogía de mujeres que, a lo largo de la historia, se han opuesto a las guerras y al uso de la violencia como forma de resolver los conflictos. Con frecuencia, sus aportaciones han sido ignoradas. En el proyecto de CEIPAZ 1325 mujeres tejiendo la paz, hemos recogido historias de vida de mujeres que han optado por la paz y han arriesgado sus vidas para defender una paz que ponga en el centro el sostenimiento de la vida, la justicia, los derechos humanos y el respeto a la naturaleza.

Un ejemplo fundamental es la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad, fundada en 1915, al inicio de la Primera Guerra Mundial. Más de 1.000 mujeres procedentes de países enfrentados se reunieron en La Haya con el objetivo de detener la guerra y evitar el enorme sufrimiento que estaba generando la contienda.

WILPF ha explicado los vínculos entre patriarcado, armas y dominación, y ha defendido una seguridad basada en la satisfacción de las necesidades de las personas, frente a una seguridad tradicional centrada en el rearme y la militarización.

Esta larga tradición feminista antimilitarista recuerda que la paz es una tarea política, feminista y urgente.

No puede haber paz sin justicia social, sin desarme real y sin la participación efectiva de las mujeres en todos los espacios de decisión. La seguridad no se construye con más armas, sino garantizando derechos, cuidados y vidas dignas.

Manuela Mesa. Directora CEIPAZ

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