por Maurizio Montipó Spagnoli, Investigador de CEIPAZ
A través de tres citas distópicas, este episodio del podcast «Human Rights and Decolonization» (Derechos Humanos y Descolonización), leído en italiano por Maurizio Montipó Spagnoli, nos aproxima al delirio letal y distópico de omnipotencia que comparten fenómenos históricos como el imperialismo, el colonialismo, el nazismo y el fascismo, en el pasado (Adolf Hitler y Benito Mussolini) y en el presente (Stephen Miller, gobierno de los Estados Unidos).
«Vivimos en un mundo en el que podemos hablar todo lo que queramos de sutilezas internacionales y de todo lo demás, pero vivimos en un mundo, en el mundo real, Jake, que está gobernado por la fuerza, que está gobernado por la violencia, que está gobernado por el poder. Estas son las leyes férreas del mundo, que existen desde el principio de los tiempos.» (Stephen Miller, Subjefe de Gabinete para Políticas y Asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca. Entrevista concedida a la CNN, 5 de enero de 2026)
«Quien quiera vivir debe luchar. Quien no desee luchar en este mundo, donde la lucha permanente es la ley de la vida, no tiene derecho a existir. Una afirmación así puede parecer dura, pero, al fin y al cabo, así son las cosas.» (Adolf Hitler, Mein Kampf, Mi lucha)
«El Estado fascista es una voluntad de poder y de imperio. La tradición romana es aquí una idea de fuerza. En la doctrina del fascismo el imperio no es solo una expresión territorial, militar o mercantil, sino espiritual o moral. … Para el fascismo la tendencia al imperio, es decir, a la expansión de las naciones, es una manifestación de vitalidad; su contrario, o el pie en casa, es un signo de decadencia: los pueblos que surgen o resurgen son imperialistas, los pueblos que mueren son renunciantes.» (Benito Mussolini, La doctrina del fascismo)
La lectura final del poema «Sólo la muerte» de Pablo Neruda alude al carácter necrófilo y opresivo de estás ideologías y prácticas históricas.
SÓLO LA MUERTE
HAY cementerios solos,
tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel al alma.
Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido sin perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.
Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.
A lo sonoro llega la muerte
como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,
llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo,
llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.
Sin embargo sus pasos suenan
y su vestido suena, callado, como un árbol.
Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo,
pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,
de violetas acostumbradas a la tierra
porque la cara de la muerte es verde,
y la mirada de la muerte es verde,
con la aguda humedad de una hoja de violeta
y su grave color de invierno exasperado.
Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,
lame el suelo buscando difuntos,
la muerte está en la escoba,
es la lengua de la muerte buscando muertos,
es la aguja de la muerte buscando hilo.
La muerte está en los catres:
en los colchones lentos, en las frazadas negras
vive tendida, y de repente sopla:
sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,
y hay camas navegando a un puerto
en donde está esperando, vestida de almirante.
(Fuente: https://www.neruda.uchile.cl/obra/obraresidencia2a.html)